Durante años la IA solo respondía preguntas. Ahora actúa: envía el correo, hace el pedido, cambia el archivo, rellena el formulario, ejecuta la tarea mientras no estás. Es un poder nuevo en tus manos — y una forma nueva de salir perjudicado, porque una vez que una IA actúa, un error ya está en el mundo. La solución no es evitarla. Son unos pocos hábitos que te dejan delegar el trabajo conservando la responsabilidad — y una forma rápida de saber qué tareas puedes dejar correr y cuáles necesitan tu mano en la puerta.